Thursday, April 30, 2026

La sociedad atomizada



*

Deseo describir una mera yuxtaposición. Dispar, en caudal y sentido, pero a su modo formante de una cosa nueva, de una díada antitética que en juego de espejos se explica por su contrario.

Surge azarosamente: primero veo las versiones extendidas de la trilogía de El Señor de los Anillos. Terminado el largo periplo elijo un ítem de mi lista de pendientes: Sherlock, la serie que trae a la actualidad al clásico personaje de Arthur Conan Doyle y a su ad latere.

De una llegué a la otra sin mucha lógica. Quería pasar a la trilogía de El Hobbit, a ver si al menos algo de ella me parecía estar a la altura de la primera saga, pero no la encontré en ninguna de las plataformas que tengo. Agarré Sherlock porque ahí también está ese gran actor que casi no actúa, el rey tenue, el John Deacon de la pantalla: Martin Freeman.

Pasé de una experiencia mítica a un policial. Podríamos decir, de un mundo antiguo a un mundo contemporáneo. El efecto fue devastador, y no me refiero a las historias, los sucesos de cada ficción, su lógica, su forma. El contraste se da en los personajes. Sus psicologías exudan un aura completamente opuesto.

De cara a la muerte y al sol, los personajes de Tolkien/Jackson viajan sin pudor hacia sus propios miedos, alegrías, pasiones, exploran y residen en su coraje, en su desamparo y en su muerte.

De cara a la noche de la ciudad, Sherlock y Watson están, para usar una palabra de época, rotos. Los crímenes, sus elucidaciones, los procesos deductivos, todo funciona menos como fin que como un incentivo, un puchito, una falopa.

En las Tierras Medias hay seres felices hasta la muerte. En Londres asesinos y detectives se parecen: necesitan un cachito más de algo que les da un shockcito. No hay relato propio, hay pulsiones en el cuerpo y la mente, como la corriente que cruza los circuitos de un procesador.

La modernidad nos viene preparando para la IA desde hace siglos. Nos define como pura inteligencia, mutea el resto de la persona y si somos solo una parte de nosotros, somos también forzosamente artificiales.

Esto no es una crítica a un género u otro. Es un juego de contrastes.

En el programa de streaming El Régimen, dedicado a geopolítica internacional, hablaron el sábado pasado con el Padre Luis Montes, cura que reside en Líbano y ofrece ayuda a la población que huye de los ataques de Israel. Habla de su vasta experiencia, también estuvo en Irak cuando los pocos cristianos de aquel país huían de ISIS. Montes destaca algo que ve una y otra vez: personas que han perdido todo, que viven entre escombros y a la espera de otra huída, y sin embargo son felices. Experimentan la felicidad como no logran hacerlo los seres de vida resuelta en ciudades grises.

Sherlock es un psicópata, Watson otra víctima del pésimo trato a los veteranos de guerra. Freeman es un actorazo, pero la serie la dejo acá. Me quedo con el rostro de Gandalf ante el Rey Brujo de Angmar, ese anticlímax de la saga en la cual el más sabio, el más seguro, el padre y abuelo de todos, duda, teme, ve el rostro de la muerte.

 

No comments:

Post a Comment

Cómo no sentirme así

.   No fui un pibe con mucha calle. Fui un adolescente más hacia adentro. Hacia adentro de la cabeza y de los oídos. Si pudiera comprimir al...