Thursday, March 12, 2026

Se busca mitología



“Un buen descanso, un plato de sopa,

y el abrazo fraternal de un amigo leal a vos

te están faltando.”

(Ricardo Iorio, Toro y Pampa)


“Tu solidaridad, reflejo hermoso de la libertad...”

(Cielo Razzo, Polen)



Siento que viví en tres mundos, el primero y el tercero breves en mi vida, el del medio ancho. Como un sándwich cargadito.

Nací en el 80 y mi primer década fue la guerra fría. La ví a través de G. I. Joe, de Rambo, de V invasión extraterrestre.

Después vino el llano de la “Pax Americana”, llena de guerra, pero pax, en el sentido de que nadie más que ellos ganaban. Y vino también un cambio por debajo, un deterioro de la curiosidad, de la libertad, nuestro prójimo empezó a nadar cada vez con más lastre y la bocanada se hizo breve.

Sobrevino entonces la tercera etapa: esto de ahora. Afloró la mutilación, iba a escribir mutilación de “sentido”, pero no, “sentido” es una palabra moderna y posmoderna. Ahora es otra cosa. Lo que falta es el alma, no falta un engranaje, ni un elemento. Falta un fuego.

Nos faltan los mitos y nos sobran los miedos.

Se impuso una idea de libertad sin solidaridad. La libertad de Robinson Crusoe, sería. Tom Hanks y Wilson encarnan el único mito: yo y las cosas. Se ocultó la urgencia de ese plato de sopa que menciona Iorio. Nos desgobiernan los des-abrazados. “Disfrutar” ahora se pronuncia “consumir”. Se enarbola la sonrisa psicópata en el reel genocida, hija de la sonrisa forzada de El Arte de Vivir.

Dice Kerényi: “tendríamos que tomar y beber el agua pura de la fuente para que compenetrase con nosotros y potenciase nuestras latentes veleidades mitológicas”. Lo mítico no entra en el mercado porque ya no es esa agua pura de la fuente. Una y otra vez vivimos esto: decimos “qué hermoso esto” y en seguida el mercado lo asesina para hacer un molde y vendernos las copias. Así vamos de remera a póster, del Diego a Messi (que no se apague nunca el eco de la Iglesia Maradoniana, ¡qué nos quedará entonces!).

La esperanza está, eso sí. Porque estamos. Nosotros estamos. Pero nos perdimos. Dice Rilke: “quien se expande como un manantial viene a ser conocido por el conocimiento”.

Propongo: sin callarnos (los argentinos no nos callamos, menos a pedido), oigamos ese rumor, es la música en común que nos queda.

 

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